Blog Asociación Animales El Trasgu

Finales Felices

La historia de Dixie

Escrito por eltrasgu 13-03-2014 en Finales Felices. Comentarios (0)

Hace unos meses nos enamoramos de una bolita de pelo naranja que salía en un video de la protectora ronroneando como un loco. Poco sabíamos de él, era un gato macho de unos tres meses que lo habían encontrado en el río de Mieres.

Nuestro primer viaje en coche con él hacia su nueva casa estaba lleno de emoción y timidez. Observaba todo desde su trasportín, ni un maullido, ni una queja, solo sus ojos enormes viendo lo que pasaba a su alrededor.

Al llegar a casa ya estaba todo preparado, su comida, su cama, su arena, sus juguetes así que le abrimos el trasportín y le dejamos que investigara a su aire. Su hermano perruno estaba nerviosísimo y emocionado por la llegada, con tanta alegría no era momento de las presentaciones.

Dejamos que el tiempo hiciera su trabajo, sabíamos que no iba ser fácil la adaptación pero había que tener paciencia, así que nosotros nos dedicamos a currarle el catarro, sanearlo y que no le faltase de nada.

Poco a poco empezamos a ver los progresos, de quedarse en la habitación donde más seguro se sentía empezó a corretear por toda la casa, su hermano perruno Hugo se lo ganó a base de aguantar zarpazos y bufidos.

Ya lleva con nosotros dos meses y no hace falta decir que es uno más de la maravillosa familia que tenemos. Me encanta ir conociendo su personalidad, saber que le encanta robarle la comida al perro, que su juguete preferido son los cordones y un estropajo horriblemente feo que encontró en un armario, que le encanta despertarnos por la mañana a mordiscos en la barbilla, saltar encima del perro y lo más lindo, esperarnos en la puerta de casa cada vez que salimos a pasear.

Nos quedamos con la satisfacción de saber que hemos podido ayudar a uno de tantos animales que lo necesitan, ojalá pudiéramos hacer más, pero somos muchas las personas que amamos a estos maravillosos seres que nos acompañan y entre todos podemos mejorar sus vidas.

El gato mimoso del río ahora es el gato tremendamente juguetón y picarón de Xivares. Gracias por acercarnos a Dixie y poder darle la misma felicidad que nos da él a nosotros.

¡¡¡Gracias a Kiko e Iris por vuestro post!!!


Todo es posible, ADOPTA

Escrito por eltrasgu 06-03-2014 en Finales Felices. Comentarios (0)

En un principio, el miedo era evidente. Un perro de caza, adulto, con sus manías, su propia personalidad, y sus costumbres al estar tanto tiempo en el albergue… sobre todo, si tenemos en cuenta que había ya un inquilino en casa llamado “Tofu”, con unas orejas enormes y comedor de fresas profesional; lo lógico sería pensar que era imposible llevarse a Groucho, ese grifón de pelo blanco, trufa enorme y ojos de bonachón, que nada más salir de la jaula posó sus dos patas encima nuestro y nos “arrastró” literalmente a dar un pequeño paseo.

“Juro y perjuro que parecía tranquilo cuando le vi” no paraba de repetir como una loca, mientras el lanudo hiperactivo correteaba sin parar de un lado a otro, olfateando, marcando, y cotilleándolo todo… eso sí, con nosotros a rastras!

Hubo un momento de duda ante tanta energía, pero decidimos probar unos días a ver qué tal se adaptaba con nosotros. “Pobre conejo”, “la que se le viene encima”, “Tendré dos animales cuando me levante mañana, o solo puede quedar uno”, “acabarán luchando por la custodia del sofá? Quién ganará? Todo indica que hay uno de mayor tamaño y mas carácter que tiene todas las papeletas ”… “Un perro de caza, y un conejo… si sobreviven, esto es para montar un canal de YOUTUBE”…estas eran algunas de las frases maravillosas que nos repetíamos en el pequeño trayecto a casa, que nervios!!!

Lo primero fue del felpudo a la ducha, estaba claro que si no se nos ponía rebelde bajo la alcachofa y el jabón teníamos alguna oportunidad de que nos hiciera caso; secador en mano, no parábamos de recordar la mirada de la chica que nos atendió en el albergue cuando le hablamos de  que teníamos un conejo que era el rey de la casa (dominante como el solo…), pánico se queda corto con lo que sentíamos encerrados en el baño esperando a presentarlos a ambos, HE HICIMOS BIEN!...

¡¡¡¡¡Que desastre!!!!! Ladridos, arañazos, un conejo asustado subiendo y bajando los pisos de la jaula mientras desprendía pelo como esporas…ains! Que desesperación, dos horas lidiando con el instinto y con el miedo. Al final, el cansancio empezó hacer mella en ambos, el conejo decidió pasar de la cosa lanuda que tenia ladrándole a las orejas, entre los barrotes de la jaula y se puso a comer (algo muy habitual en él, y por lo que tiene cierto tamaño desmesurado),  y el perro dejo de ladrar como un energúmeno, a ladrar como un poseso, y más tarde emitir pequeños sonidos con cierta desgana, ya que el gordo peludo de orejas enormes que no paraba de comer, no se que cosa que parecía muy apetecible, no le hacía ni el más mínimo caso, y parecía que todos los “no”, “para”, “no te lo comas”, “mira esta pelota”, “quieres un hueso”, “mi tarjeta de crédito?”, “dime que necesitas para que dejes de ladrar!!!”… hacían algo de efecto.

Mientras, los dueños, sentados en el sofá llenos de restos de jabón, pelo por todas partes, con pelotas, chuches, y galletas en la mano… nos sentíamos exhaustos ante tanta energía.  “Ay dios!, como sea así todos los días a mi me va dar ALGO”…

En fin, la cosa se calmó pero se revolvía de manera intermitente durante los días siguientes. Tardamos tiempo en dejar la jaula a la vista de Groucho, aunque no había forma de engañarlo siempre oliendo las esquinas, las puertas, y cualquier rincón donde Tofu hubiese posado sus enormes patas.

Poco a poco se fueron conociendo, parecía que el enorme perro blanco, no parecía tan malo cuando estaba tumbado en el suelo visto desde la altura del sofá, así que poco a poco el conejo se colocaba cuál “rey león” mirándolo fijamente, atento a cualquier movimiento… primero quieto como una estatua, mas tarde apoyando sus cuatro patas sobre ese sitio acolchado que había disfrutado tantas veces antes de que llegase “ese pesao”, y días más tarde regodeándose en el desdén y “tirándose” panza arriba a dormitar tranquilamente.

Por su parte, el lanudo de trufa enorme, lo miraba fijamente mientras se relamía (algo que no daba mucha confianza), pero parecía que algo pasaba cuando el de las orejas hasta las pezuñas estaba sobre el sofá, y él no.  Una cosa marrón, con el culo rechoncho y apetecible, deambulando todo el día por la casa, y no le dejaban jugar con el… que desfachatez!!!!!! Pero amigo, las galletas fueron una gran lección… una cosa es querer jugar, y dejar al conejo “babado “entero, o intentar arrinconarlo en cada esquina y esperar a que se escape, y otra cosa muy distinta es quitarle la galleta en el desayuno, eso sí que no, un zarpazo a tiempo es lo mejor… y a así fue!!!...

Ahora, la cosa ha cambiado bastante. Muchas son las horas de siesta que se echan juntos, y aunque el lanudo de trufa enorme y grandes patas sigue queriendo jugar con el glotón de culo rechoncho y enormes orejas, se ha llegado a la conclusión de que la jaula es “casa”, que cuando uno está tirado de costado en el sofá se le respeta, que las galletas son para uno y nada más que para uno, y que se arriesga a tener la trufa resquemada todo el día… que los dueños, hay que compartirlos, quererlos y mimarlos, pero que sobre todo hay que hacer piña para “torearlos” un poco, que unidos consiguen ración doble de chuches, y por supuesto, de mimos.

Va ser que tener a un perro de caza, y a un conejo, conviviendo juntos no es tan mala idea.

¡¡¡ Gracias Minerva por tu post!!!


La historia de Gordo

Escrito por eltrasgu 27-02-2014 en Finales Felices. Comentarios (0)

Esta historia, o más bien parecida os sonará a muchos, pero a mí me tocó muy fuerte este caso. Un día cualquiera recibes una llamada, han encontrado un perro en mal estado, no te sorprende es más es algo habitual para desgracia de todos. Pero de repente vi en mis brazos un pequeño saquito de huesos, con la parte inferior de la mandíbula saliendo de manera prominente. Le llevé a casa, le prometí que no pasaría ni un día solo, que yo cuidaría de él. Le preparé una cunita, y pensé; -Este pobre no llega a mañana. Le di su cena, cuando me di cuenta que mostraba agresividad ante la comida, y no me extraño lo más mínimo, su delgadez era extrema, era solo un cachorro y había vivido el abandono, la soledad, el hambre, le había encontrado en uno de sus últimos suspiros, tenía miedo no quería pasarlo mal otra vez, pero ya no, ya no volvería a sufrir más, esa era mi promesa. Cuando desperté al día siguiente lo primero que hice fue atenderle, y sí seguía vivo si había pasado esta noche sabía que habría muchas más. Le lleve al veterinario, no tenía chip, me comenté que ese perrin solo quería descansar y comer. Pues ese sería su cometido en la vida. Los problemas de conducta con la comida no fueron a más, aprendió que no todos somos malos, que la mano humana puede y debe ser mano amiga. Su cambió semanas después fue increíble, su pelo brillaba, había cogido peso y era terriblemente feliz, su cariño, sus mimos enamoraban a todos. Porque no era el perro más guapo, pero vaya si era bello. Ya estaba preparado para buscar un hogar definitivo, y así fue como una pareja se enamoró de él ciegamente, le querían y lo sabían, y el no se hizo de rogar. Y ahí comenzó su vida de ensueño, tiene amor, juego, gente que le quiere y le cuida y el responde con mucho más. Así apareció Gordo en mi vida, y así sigue porque sus adoptantes siguen en contacto con nosotros muy activamente. Si ellos quieren pueden seguir el final de la historia, porque yo jamás me cansaré de recordarla, contarla y escuchar su final.

¡¡¡Gracias Julia por tu post!!!


La historia de Zoe

Escrito por eltrasgu 05-02-2014 en Finales Felices. Comentarios (1)

Lo primero que escucho cuando explico que soy casa de acogida para animales abandonados es, "¡Qué pena!, yo no podría, no sería capaz de soportarlo cuando se fueran...". Y yo siempre digo lo mismo, "ser casa de acogida es una de las experiencias más reconfortantes que he conocido en la vida". Es cierto que cuando se van, un montón de sentimientos contradictorios te invaden, entre ellos, la pena por no volver a verle, a besarle, a mimarle... y la alegría porque sabes que se va a un buen lugar, con una buena familia que le va a querer tanto como tú lo has hecho hasta ahora y va a ser un animal querido y feliz.
Gracias a la Asociación holandesa SOS Strays, varios de los trasguperris han viajado a Holanda para ser allí adoptados. Una de ellos, Zoe, fue en el primer viaje en el que esta fantástica asociación a la que estamos eternamente agradecidos organizó. El mes anterior a este viaje Zoe lo pasó en mi casa, en familia. Es cierto que llamaba muchísimo la atención por cómo era, tenía algo especial, emanaba una energía maravillosa que contagiaba a todo el que estuviera a su lado, todos lo decían, "esta perrita es un amor...", "Zoe es especial...", "qué lista es la peludina..." Y vaya si es lista... y tan lista!!!. Todos se la querían quedar y yo siempre les decía lo mismo, "Zoe tiene su lugar en Holanda".
Al poco de llegar Zoe a Holanda, una familia se enamoró de ella, cosa que no me extraña nada, y se la llevaron a su casa. Un papá, una mamá, una hermanita y un hermanito bebé. Por fin mi pequeña Zoe tenía una familia definitiva!! Qué alegría!!.
Pasaron unas semanas cuando una gran noticia invadió El Trasgu. No nos lo podíamos creer!!!. No era capaz de terminar de leer el mail porque las lágrimas invadían mis ojos. Era de noche y Zoe, como todas las noches estaba durmiendo en la habitación del bebé cuando empezó a ladrar desconsoladamente. La mamá se despertó y fue a la habitación. Era muy extraño que Zoe ladrara. Intentó que la perrita se callara, incluso que saliera de la habitación, no fuera a despertar al pequeño... "El pequeño..." se le encendió una bombillita en la cabeza y le dio por mirarle... y menos mal!! El bebé había sufrido una insuficiencia respiratoria... Rápidamente le llevaron al hospital donde el bebé fue estabilizado. Desde ese día, la familia de Zoe la quiere más aun si cabe...
¿Os podéis imaginar la sensación que tuve al leer eso? No tengo hijos para sentir orgullo por ellos pero estoy segura que no será un sentimiento muy lejano al que tuve yo con esta historia. Por supuesto, yo, toda orgullosa, corrí a contárselo a mis amigos, "Ya te lo dije!! Esa perrita es especial!!", "Estaba claro que su sitio estaba en Holanda!!"... Lágrimas de alegría... De las dulces...
Por eso, siempre que alguien me dice que le daría pena ser casa de acogida, les cuento la historia de Zoe. Todos los animales merecen una oportunidad de tener una vida digna, ellos no han pedido venir a este mundo, y menos para pasar sus días en la calle, o entre rejas. Y si podemos ofrecerles cobijo mientras encuentran su familia definitiva por qué no hacerlo? Nos da pena que se vayan? Pues sí, pero más pena debería darnos que estén en la calle.

¡¡¡Gracias Nadia por tu post!!!



Os presentamos a Manila

Escrito por eltrasgu 22-01-2014 en Finales Felices. Comentarios (3)

   

Esta es Manila... llegó al albergue con sus cachorros, aterrada con la nueva situación. Se acostumbró rápido a los paseos y con el paso de los días sus gruñidos se volvieron llantos buscando caricias. Con las primeras heladas lo pasó mal, pronto se encogía en su caseta para resguardarse del frío y ya no salía a despedirse, por eso nos decidimos a acogerla de manera temporal, hasta que pasase el frío o hasta que alguien la adoptase.

Desde que Manila entró en casa, supo ganarse a la que se tenía que ganar, a la jefa, mi señora madre, la típica madre que no quiere animales en casa pero que en el fondo es más blanda que mimosín, la que junto a mi padre se pasaban las tardes tiradas viendo la tele y que ahora con Manila dan paseos de mañana, de tarde, de noche….que salen de casa sin ella y están deseando volver para ser recibidos como si hubiesen estado fuera media vida.

Nos hicimos tan adictos a ella que sería difícil imaginarnos sin su compañía ahora,  y el deseo que de pequeña le pedí a Melchor se cumplió veintitantos años después! Bienvenida Manila!

¡¡Muchas gracias Jenni por tu articulo sobre Manila!!